Por qué menos puede ser más en nuestras finanzas personales

La semana pasada llegó​ una pareja a tomar una asesoría por ​una situación financiera complicada y cuando estábamos analizando las causas de esa situación nos dimos cuenta de dos cosas:

  • ​La primera es que, como en la inmensa mayoría de casos, el problema siempre tiene una solución, pero el hecho de que tenemos nuestro ancho de banda mental totalmente copado no nos deja verlo.
  • ​La segunda, que buena parte del origen de estas dificultades económicas tenía que ver con un desorden que fue creciendo con los años al adquirir más y más bienes, servicios y, sobre todo, deuda.

La cuenta era bastante alta, no necesariamente por el valor actual de las obligaciones de esta pareja en pesos, sino por el número de obligaciones que tenían que atender mensualmente. El tipo de ejercicio que hicimos se puede asemejar mucho a un cierre por inventario de un negocio, o a una organizada profunda de la casa: a esos momentos en los que tenemos tanto desorden que, con solo pensar lo largo y tedioso que puede ser organizar, preferimos resignarnos a vivir en medio de ese caos, así que cada nueva cosa la vamos poniendo encima de todas las otras que están arrumadas, hasta que llega el punto en el que ni siquiera sabemos exactamente qué tenemos.

Hago la comparación porque en la primera sesión de trabajo llegamos a descubrir 25 obligaciones diferentes de crédito: un crédito de vivienda, otro del carro, una docena de tarjetas de crédito y casi otra docena de créditos de libre inversión, préstamos pedidos a sus compañías y consolidaciones de obligaciones pasadas.

Piensen ustedes por un momento lo que debe ser recibir 25 extractos diferentes cada mes… son 25 fechas de corte y de pago diferentes, algunas de esas 25 incluso se descuentan automáticamente del salario o hacen débito automático de una de las tres cuentas de ahorros o de las dos cuentas corrientes; piensen en lo que implica tener el control sobre esto, además de los gastos que normalmente tenemos que administrar: hablo de agua, luz, teléfono, administración, celular, televisión, gas, mensualidades de colegios, alimentación, transporte, etc.

​Otra mirada a la raíz de nuestros problemas en finanzas personales

​El caso de esta pareja me hizo pensar que muchas veces ​nuestros problemas financieros ​no necesariamente tienen ​origen ​en la administración de nuestros productos, sino en el exceso de confianza ​​de que somos capaces de administrar todo lo que tenemos que administrar mes a mes ​(y en el clásico supuesto de que a medida que tengamos más cosas lograremos maximizar nuestra satisfacción).

Por un lado, recordemos que hace algun​as ​semanas ​decíamos de que nuestro cerebro tiene un “ancho de banda” limitado, igual que la conexión a internet de nuestra casa: si quiero hacer una videollamada y tengo un internet de 10 Mb, es probable que no tenga problemas para hacerla; pero si al mismo tiempo que estoy haciendo la videollamada, quiero ver un video en YouTube, revisar Instagram, ver una serie en Netflix, escuchar música de fondo en Spotify y revisar mi Twitter y mi Facebook, es muy probable que ninguna de esas actividades corra bien en mi computador, porque necesito tantos recursos que la capacidad de mi conexión no da para hacer todo eso al mismo tiempo.

Con nuestro cerebro pasa algo muy similar: tenemos un ancho de banda que define el número de cosas en las que podemos concentrarnos simultáneamente. Si tengo que tomar decisiones conscientes a lo largo del mes sobre 15 o más facturas o categorías de gasto, y encima tengo diez obligaciones de crédito con sus respectivas fechas de pago, y además tengo que estar pendiente de mis hijos, de su desempeño, de mi pareja y mi relación, de mis amigos y familiares, de mi salud, de los asuntos de trabajo, etc., es posible que en algún punto mi cerebro empiece a darle más importancia a lo urgente y se olvide de lo importante, o simplemente empiece a olvidar pagar alguna cuenta con tal de tener energía para resolver los asuntos de trabajo.

​Lo que tenemos vs. lo felices que somos

Por ​otro lado, creo que es importante preguntarnos si ​creemos ​que comprar cosas, adquirir ​más servicios o elevar nuestro consumo es lo que necesitamos en este momento de nuestra vida para ser felices​ o ​estar satisfechos. Lo digo porque, ​en algunos de ​nuestros clientes, actuar así puede tener el efecto contrario.

Una de las razones para que esto suceda es que la felicidad no se relaciona únicamente, al menos desde las investigaciones que se han realizado en psicología en los últimos treinta años, con nuestras metas o deseos extrínsecos, es decir, con las cosas que son externas a nosotros: el dinero o el éxito financiero, la imagen, tener buen físico, ser popular. La felicidad también se basa en nuestras metas o deseos intrínsecos; es decir, esas cosas que tienen una relación directa con nuestras necesidades psicológicas, como el crecimiento personal, tener relaciones cercanas y buenas con amigos y seres queridos y tener un sentimiento de comunidad o un deseo de ayudar al otro.

Si la satisfacción, la tranquilidad y la felicidad estuviera únicamente atada al ingreso y a tener más, deberíamos ver que los índices de felicidad crecen al mismo ritmo que los índices de ingreso y de consumo. Lo cierto es que, ​decenas de gráfica como la siguiente demuestran que no es así.



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